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August 15 Sufismo (2ª parte)
El camino del amor
Si hay una verdad central que el sufismo distingue, es la Unidad de Ser, el hecho de que estamos integrados con lo Divino. Somos Uno: una comunidad, una ecología, un universo, un Ser. Si es que hay una verdad digna de ese nombre, es que formamos un todo con la Verdad, que no estamos separados de ella. La comprensión de esta verdad tiene efectos en nuestro sentido de quienes somos, en nuestra relación con los demás y con todos los aspectos de la vida. El sufismo tiene que ver con la comprensión de la corriente de amor que corre a través de toda forma de vida, con la unidad detrás de todas las formas conocidas y desconocidas por la humanidad Para los sufis toda la humanidad es Una sola, no existe ningún tipo de división ni horizontal ni vertical y no existen seres diferenciados. No existen cosas diferenciadas o separadas salvo en apariencia y a un nivel de superficie. En su núcleo, en su nivel más fundamental solamente existe una sola cosa: La Unidad, o la Realidad Absoluta, El Uno. Aquello que toma muchos nombres y que algunos designan como Dios, Allah, El Universo, la Vida, La Información Central del Universo, El Vacío, La Nada, El Todo, etc. El nombre que se le asigne a esta Realidad no tiene relevancia pues todos estos conceptos apuntan hacia una misma y única dirección.
La práctica del sufismo lleva a la reducción del nafs (parte más densa del ego o falsa personalidad) a su mínima expresión, y por lo tanto a la manifestación plena de nuestra esencia o Ser Real, lo cual facilita el acceso directo a percepciones reales de la Verdad, que surgen en la experiencia personal de cada quién. En este sendero se va refinando el ego, deshaciéndonos de sus limitaciones y enalteciendo nuestros talentos Cuando en sufismo se habla de la reducción del ego hay que entender que sin un ego no podemos interactuar en este plano material. Es necesario para nuestra supervivencia. De lo que se trata es de ponerlo a nuestro servicio y no seguir siendo su sirviente. Los sufis no tienen jerarquía distinta al crecimiento espiritual o desarrollo de consciencia. No tienen dogmas ni doctrinas. Para ellos el camino se hace en el mundo, entre los hombres, y nada hay más valioso que las relaciones, especialmente las complejas. No tiene mucho mérito ser imperturbable si a tu lado no hay nadie que perturbe. Cuando se reúnen varios sufis, el más avanzado enseña si esa es su misión, y él sabe perfectamente si lo es o no. Los demás también. Brota así, espontáneamente, la función del maestro, a quien se acata, se respeta, pero ante todo se ama porque nos muestra un ideal. No se da pues en el sufi la condición de maestro sin la capacidad de enseñar, y con ésta viene aparejada la de amar, que da al maestro la agudeza perceptiva de los sentidos físicos, afinados en grado sumo, y el desarrollo de otros sentidos superiores latentes en cualquier hombre.
Los ejercicios espirituales sufis, las prácticas, son de una variedad amplísima y dependen siempre de las condiciones de tiempo, modo y lugar, pero aún más de la capacidad actual del discípulo o aprendiz y/o su estado de desarrollo de consciencia. Pueden consistir en prácticas como ciertas respiraciones, mantras o wazifas (hablados o cantados), danzas, música y muchos cuentos o historias.
Desde más allá de las estrellas. Rumi
Adaptación de: www.personarte.com/sufismo.htm Sufismo (1ª parte)
El camino del amor ![]() El Sufismo ha sido definido como el Camino del Amor o del Corazón. A la palabra “Sufi" se le han atribuido varios orígenes, entre ellos palabras que significan “pureza” y “sabiduría”. El sufi entonces es alguien que ha descartado todo lo que no pertenece a su esencia más íntima, y que ha cultivado el jardín del corazón, ya que no hay otro lugar para que la sabiduría crezca. Un sufi es un hombre con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. Puede decirse que sufismo es un acercamiento amoroso a la realidad. Es un modo de experimentar la vida y el universo como un todo respondiendo a un plan Único, de acuerdo a las Leyes Universales o Fundamentales. Es una escuela viva o forma de vida que busca ante todo hacer un llamado hacia la Unidad de toda la existencia y a que cada ser humano alcance su verdadero estado de plenitud y bienestar e integre en si mismo la trascendentalidad o espiritualidad, es decir lo más significativo y fundamental que existe en cada uno de nosotros. Dentro del sufismo se busca liberar al ser humano de las cadenas de la ignorancia para que pueda comprender la esencia inmutable del Ser. La palabra sufi implica pureza. Puro quiere decir no mezclado con otro elemento, o en otras palabras aquello que existe en su propio elemento, puro y sin manchas. Dentro del sufismo se busca honrar y respetar todas las diferencias, y buscar un mutuo entendimiento, respetando y valorando todos los puntos de vista de los demás. Puede decirse que es una escuela de autoconocimiento y perfección del ser humano; un estudio de la Unidad y pulimiento de la propia personalidad para refinar sus aristas y hacer la mayor obra de arte a la que todo ser humano está llamado: el arte de la personalidad . Sin embargo todo este trabajo de pulimento y limpieza del cristal del corazón del sufi no es para su beneficio propio, sino para que pueda reflejar la Luz Divina.
Adaptación de: www.personarte.com/sufismo.htm August 06 Hacia la meditación con Nicolás Caballero. Hoy recorremos esta experiencia de la mano de Nicolás Caballero,
sacerdote claretiano, interesado en crear una pedagogía del "camino"
hacia Dios.
Aquietarse en el silencio, el silencio del no-pensamiento, del no-sen
tir, del no-hacer, no es tarea fácil en medio de nuestra vida tan agitada
y exigente, al respecto destaca la importancia del papel que juega la
voluntad:
"El orante, no iniciado en el silencio, pone
básicamente su atención y el termómetro para evaluar su creci
miento en la capacidad para no distraerse.
Y, sin embargo, y a pesar de nuestras distracciones
inevitables, existe una zona "emergente" por encima de nuestros
alborotos que entra en la calma, que busca la calma, el descanso,
el reposo en Dios.
Es el sector que afecta a la voluntad, la que "toca"a
Dios; donde Dios nos toca y crea gozo, paz, ganas de estar."
(...)
"En esa cima de sosiego la voluntad está
bebiendo sabiduría y amor conjuntamente. Pero, puede coexistir, y
en los comienzos contemplativos coexiste de hecho, con el resto
de nuestra personalidad alborotada y al margen del "Acontecimiento".
Asimismo se refiere a la necesidad de recurrir a las palabras en los
momentos de oración:
"Las palabras son intermediarios válidos en
los comienzos para establecer una relación entre la mente y el cuerpo,
entre la mente y el cerebro, entre palabra y presencia corporal. La men
te se corporaliza mediante las palabras y las imágenes. Ellas son el pri
mer lugar de nuestra referencia al misterio, aunque sólo eso: "una
referencia".
No es bueno, no obstante, como suelen
hacer los principiantes, aferrarse a las palabras y a las imágenes.
Cuando ocurra hay que dejarse sumergir en el silencio oscuro y
aceptar el"contacto" más puro, cuando las palabras se desvanecen
y el deseo de "reposar en el acontecimiento" nos nace de dentro.
Pero si hay distracciones, hay que volver
a la frase cordial, al coloquio, al diálogo amoroso, afectivo, a ese
mundo en que todo nos resulta más comprensible. "
El ejercicio se puede prolongar durante diez,
quince minutos, media hora o una hora, depende de ti. En cierto mo
mento el cerebro empieza a limpiarse psíquica y fisiológicamente
y todo el cuerpo recibe una influencia nueva que, sin sacarlo de su
quietud, lo vigoriza, lo confirma como cuerpo bien organizado, no
fragmentado. Comenzamos a "sentirnos" enteros."
Nos enseña a "sumergirnos en la fascinante oscuridad de Dios"
Inténtalo despacio para darte tiempo:
-Cierra los ojos.
-No digas nada.
-Siente a Dios.
-De forma global, difusa y suave.
-Vívelo.
-Dite a tí mismo suavemente: "Dios me toca".
El ámbito de los intermediarios:
" Estos intermediarios son válidos para
establecer un puente entre nuestra necesidad de "corporalizar" y
de "representar" lo desconocido...son modos de "encarnar" nuestra
referencia al misterio. Tales como: la distensión, la respiración, el rit
mo.
-la distensión: ámbito de aflojamiento, en un cuerpo "distendido"
Dios "cabe" mejor.
-la respiración: ámbito del aire, de retenciones, de expansiones, cons
truyendo desde la fe ese pequeño cuasi-sacramento de un Dios que
respira en nosotros.
-el ritmo: ese ámbito de la medida, cada vez más suave, más silen
ciosa y lenta, en el cuál podemos "construir" nuestro "amén" a
Dios, como su Hijo.
"El activismo reinante ignora el valor
humano y religioso del "descanso". Descansar, ¿para qué? Para tra
bajar, claro, responde el "inquieto hombre de hoy". Para él, el traba
jo es el fin, el descanso sólo un medio y, frecuentemente una irres
ponsabilidad. Y, sin embargo, la persona tiene una "nostalgia" de re
poso sin saber bien cuál es su naturaleza y su razón de ser. Descan
sar no es "dejar de trabajar" sino aprender a sumergirse en la natura
leza profunda y silenciosa que cada uno "es".
Destaca una cita de autor anónimo:
"Comprendí que uno necesita la soledad y el aislamien
to, igual que necesita la familia y los amigos. Mi retiro en
la montaña no era ningún lugar en concreto, sino un es
tado mental, una condición a la que podía acudir en cual
quier momento".
Extraído de "De camino con Dios" de Nicolás Caballero.
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